Rama X ha conseguido que su nombre sea conocido en todo el planeta. Desgraciadamente, no por sus virtudes, sino por sus excesos. Estamos ante un rey caprichoso cuyo autocontrol es como el de un niño. Rama ha sorprendido al mundo por su carácter voluble.

Eso ha hecho que en su país miles de manifestantes se lancen a las calles para pedir su derrocamiento y el fin de la monarquía. No es una cuestión baladí pues en Tailandia, cualquier mínima falta de respeto contra la familia real, se paga con interminables estancias en prisión.

El rey RamaX está a punto de perder su corona. Archivo.

El rey de Tailandia decidió abandonar su país en plena pandemia. Se instaló con su séquito en Baviera, Alemania. Viajó acompañado de su esposa, la reina Suthida, que prefirió Suiza. Rama escandalizó al mundo cuando se supo que en el país germano se entretenía con las mujeres de su harén, unas veinte.

Y mientras ocupaba titulares por este motivo, se plantó en el aeropuerto bávaro para recibir a la mujer que meses antes envió a prisión por deslealtad. Se trata de Sineenat, a quien dio el rango de consorte, que podría traducirse como concubina. La envió a prisión por diferentes motivos. La lista es extensa.

Nada hacía presagiar que la mujer volvería a la escena pública como así ha sido. Incluso se la ha visto acompañando a al rey y su esposa en algunos desplazamientos públicos a su regreso a Tailandia.

El rey de Tailandia con su madre, en una fotografía de archivo.

Alertado por su madre, la inolvidable Sirikit, Rama regresó a Tailandia. Los ciudadanos clamaban en su contra. Cientos y miles de manifestantes pedían iniciar una nueva era sin este rey ególatra y carente de empatía.

La situación es tan crítica que a Rama no le ha quedado más remedio que romper su rango de divinidad para pasearse entre la gente y estrechar manos. Y lo ha hecho acompañado de la reina Suthida. Una situación insólita que se ha coronado con el monarca atendiendo a los medios.

El rey de Tailandia en uno de sus discursos. Archivo.

Un periodista de Channel 4 ha requerido al monarca sobre si es posible entenderse con quienes claman en su contra: «Tailandia es tierra de alcanzar acuerdos»; ha respondido el excéntrico Rama X, quien también ha dejado claro que para él no existen diferencias pues quiere a todo su pueblo.

Su nerviosismo y su miedo eran visibles. Se nota que no le ha quedado más remedio que hacer esta aparición que, para nada, es de su agrado. Su futuro está escrito. Ha dilapidado todo el rédito que heredó de sus padres.