Guillermo y Máxima de Holanda son referencia cuando se habla de monarquía moderna. La pareja muestra una entente muy cordial y van los dos a una. Esto hace que su imagen sea muy valorada por los holandeses. Sin embargo, un grave desliz les ha puesto en el ojo del huracán. Ocurrió a finales de octubre, en plena pandemia. Los reyes y sus hijas pusieron rumbo a Grecia, a la villa que tienen en Kranidi, para disfrutar de las vacaciones que manda el calendario.

Los reyes Guillermo y Máxima en una imagen de archivo.

La decisión de Guillermo y Máxima causó un gran alboroto. Holanda no ha escapado al COVID y de ahí que el gobierno holandés pidiera a la población desplazarse lo menos posible para evitar el avance del virus. Cuando la noticia del viaje de los reyes saltó a los medios, los ciudadanos pusieron el grito en el cielo.

Las críticas, más que justificadas, no se hicieron esperar y eso obligó a los reyes a regresar al país. El asunto alcanzó tales cotas de malestar que Guillermo y Máxima emitieron un comunicado donde entonaron el mea culpa: “Cancelamos nuestra vacaciones. Hemos visto la reacción de la gente plasmada en la prensa, y es intensa y nos afecta”.

Está claro que el gesto de los reyes les ha vuelto a acercar al pueblo. De alguna manera siguen siendo los representantes con mayor magnetismo y los que, sin duda, despiertan mucha más simpatía y cercanía entre sus homólogos.

Vista aérea de la finca que ha despertado las críticas

Conscientes de que el cargo hay que ganárselo cada día, la reina Máxima está desarrollando una actividad intensa de carácter social. Se la ve asistir a actos relacionados con el COVID. Aseguran que tanto ella como su esposo han reflexionado sobre lo sucedido y que son conscientes de su metedura de pata. Su mayor deseo, volver a recuperar la confianza de los holandeses y alcanzar las cotas de popularidad que disfrutaban antes del escándalo.