Es la protagonista involuntaria de una fábula que se escribe muy a su pesar. Isabel Pantoja permanece aislada en Cantora mientras los medios escarban en un pasado que no parece tener fin. Historias que se alternan con la creación de nuevos personajes que pululan por los platós de televisión con una inviolabilidad pasmosa. La última en salir a la palestra ha sido la hermanastra de doña Ana, madre de la tonadillera, reclamando una presencia que no existe desde hace más de una década.

Ana Martín decidió no seguir teniendo relación con ella harta de las reclamaciones económicas que, al parecer, le hacía su hermana. Acabó por romper el escaso contacto que tenían y ni siquiera sus hijos, salvo Bernardo, han seguido manteniendo relación con ella. Tía Magdalena debería explicar cuál fue la última conversación con su hermana y qué personas de su entorno estaban presente.

Parando las demandas

En cualquier caso, es evidente que tiran a dar ahora que Pantoja vuela bajo. Sin embargo, Isabel sigue contando con sus fieles amigos y su familia, que no se separa de ella. Con la protección de Agustín y la compañía telefónica de quienes le ayudan a sortear los pensamientos funestos que preocupan, y mucho, a quienes la quieren.

Tal vez por eso, para intentar no echar más leña al fuego, Isabel Pantoja ha dado orden de frenar cualquier acción legal iniciada para proteger su derecho al honor: «No es el momento para empezar una batalla tan complicada», dice alguien que la conoce bien. Una decisión que evidencia que la tonadillera está francamente mal y que necesita tiempo para encajar todos los golpes recibidos.

Se dispara la venta de sus discos

La carrera profesional de Isabel Pantoja no está acabada. Ni mucho menos. Las ventas de su último disco, Canciones que me gustan, se ha convertido ya en todo un éxito de ventas. El último proyecto, producido por Altafonte, se ha colocado entre los más vendidos de todas los ránkings. La exposición mediática y un álbum de calidad han hecho que Pantoja vuelva a brillar como artista.