El ocaso de Dios

Maradona, de la miseria a la gloria

Diego Armando Maradona falleció hace unos días y el mundo le llora. Todos le rinden homenajes. Muchas lágrimas derramadas por el ídolo que nació en una villa y llegó al Olimpo. Nadie lo preparó para el éxito y tuvo que improvisar. Ir sumergiéndose en cada etapa a pecho descubierto. Sus travesías por el desierto son memorables. La más dura, la que libró contra las sustancias prohibidas. Después llegarían las luchas personales contra ex mujeres, hijos, sobrinos, hermanos, amantes… y todo aquel que osara llevarle la contraria.

Que Diego no estaba bien quedó claro en su última aparición pública. El equipo que dirigía, Gimnasia, le homenajeó por su sesenta cumpleaños. Apenas podía caminar y se agarraba a dos asistentes. Posteriormente, sería trasladado a un hospital y le operarían de un hematoma subdural. Acostumbrado a hacer su voluntad, el diez quería irse al día siguiente de la intervención. Imposible, no estaba en condiciones. A los problemas de salud había que unir el que arrastraba con la botella. Bebía de forma compulsiva y eso le estaba matando. Al final, su criterio se impuso y le dieron el alta tras firmar un documento donde se expresaba que Maradona abandonaba el hospital por su voluntad y en contra del criterio médico.

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